15 octubre 2006

Pirineos: Dos excursiones recomendables

De las excursiones asumibles por perezosos (aunque a veces ponga como excusa de mi pereza a mi hija pequeña para evitar dar largas caminatas), os recomiendo estas dos en el entorno de Vielha: la visita al Pla des Artiguettes y el Sauth desh Pish, por un lado y a la Artiga de Lin, pasando por la fuente de Uellhs deth Joeu, en segundo lugar.



La primera sube, desde el puente de Arros por una pista forestal (en la que suplicas no encontrarte con otro coche en dirección contraria) que termina en un valle espectacular, con la pequeña cascada llamada el Salto de Pish. Un paseo por esta zona puede demorarse todo el tiemppo que quieras porque las vistas y la calma son impresionantes.

Por otro lado, un poco más adelante, desde el pueblo de Es Bordes, sale una pista que conduce a otro lugar semejante, pero en el que las moles rocosas de lso Pirineos tienen aún más protagonismo. El paseo desde la pequeña cascada de Uellhs deth Joeu a la Artiga de Lin es no muy largo y desde luego merece mucho l apena

Restaurante Els Puys de Esterri d’Aneu

Sin duda ha sido de lo mejor de este viaje de los Pirineos. Un restaurante realmente encantador. Después de haber probado los paradores de Vielha, Arties, La Seu o incluso la Torre del Remei, en este viaje, ésta ha sido la mejor experiencia gastronómica y el local más agradable. Lejos del exceso y los estirados efectismos de la Torre del Remei y del ambiente agradable, pero un tanto funcionarial, de los restaurantes de Paradores.

Sólo ocho mesas, de las que sólo tres estaban ocupadas. Probablemente no será igual en temporada alta. Pero el caso es que el lugar era muy acogedor, agradable y silencioso (a pesar de, otra vez, un suave jazz de fondo – parece mentira que la música más apasionada, personal y creativa sea tan utilizada como fondo para ser oído sin ser escuchado: en el bar de Taull, aquí, en la Torre del Remei...).



Además, la comida, en ese estilo mezcla de creatividad y fondo de gastronomía local, era exquisita.

Lo primero que sorprendía del local era la agradable y suave decoración, en contraste con el edificio que lo albergaba; un impersonal hotel situado en la primera torre del pueblo, según se baja del puerto de la Bonaigua.

Después, la muy surtida (y muy expuesta, que no sé si será muy bueno para la calidad) variedad de licores, especialmente Armagnac, Cognac y Brandies. También disponía de carta de puros (lo más desagradable puede ser que, siendo un local de fumadores, te toque un fumador de puros cerca)

También la amabilidad y explicaciones del hombre que resultaba ser el único camarero.
Por último, los precios. Más que ajustados, reducidos. Después de la comida (siento no recordar los platos: algunos típicos de la zona y con nombres en catalán, soy incapaz de citarlos. Los postres, exquisitos) lo que más sentí es mi incapacidad para apreciar los licores porque aquella extensa carta invitaba a prolongar la sobremesa.

En fin, altamente recomendable.

Románico de Boí-Taull: Lo mejor

De entre todo el románico del valle de Boí-Taull, al final os recomendaría esta iglesia. Quizás sea el momento en que la visitamos: ya de noche, cuando nos retirábamos después de un paseo por Caldes de Boí.


La iglesia aún no estaba iluminada (la encendieron, lamentablemente, un poco después). El pequeño pueblo estaba vacío y oscuro. Sin duda, ésta es la sensación que busco cuando visito cualquier iglesia o resto románico: transmitía aún la soledad, introspección y ambiente de una vieja iglesia. Como lo hacía el aroma a cera que aún existe en la iglsia de Vielha, ante el fantástico retablo. Además, la iglesia es de las pocas que conservan la estructura porticada que servía de refugio ante el duro clima de la zona a quienes a ella acudían. El cementerio colindante hacía de complemento ideal para una iglesia que por fin me dejo un buen sabor de boca en la zona. Lamentablemente no pudimos visitar el interior. O quizás haya sido mejor.

Románico de Boí Taull. Decepciones y sorpresas

La impresión que uno tiene en todo el Pirineo es la de ver un lugar que alguna vez fue hermoso, tranquilo y solitario. En gran parte sigue siendo así. Pero el turismo de masas ya ha llegado y es para quedarse. Hoy, en Boí y Taull, el paisaje mas destacado son las grúas.

Mientras, el tan cacareado románico de la zona me ha resultado frustrante. Es obvio que estos monumentos son hermosos y merecen la visita. Sin embargo, han caído también bajo esa necesidad/necedad de la cultura de masas, con un exceso de didactismo y multimedia que altera totalmente el sentido de estos lugares y que, a quienes realmente interesa el tema creo que aporta bien poco y no añade nada nuevo a ningún libro básico sobre la materia. Para explicar a los turistas qué son, como se construyeron, qué significaban… convierten los monumentos en una especie de aula multimedia, totalmente alejada del recogimiento, sobrecogimiento, silencio y austeridad que uno espera encontrarse. Nos encontramos con videos, música, exceso de luz, piezas expuestas desubicadas… Quieren enseñar lo que era alejándolo al máximo precisamente de lo que fue.
Por supuesto, las pinturas son falsas, una réplica de las originales que se exhiben en el Museo de Cataluña.



A la primera de estas iglesias, la de Boí se accede tras pagar poco mas de un euro a una señora a la que le es indiferente el lugar, mientras hace sudokus. Ni siquiera informe de que en Taull, Sta. Maria está en obras (como todo el pueblo) aunque sí intenta colocarte un bono para visitar todo el pack de iglesias (aunque no sea posible por las obras, como he dicho). Desistimos del pack ante la frustrante primera experiencia e hicimos bien.

En Taull se hace difícil comer pues todo esta cerrado a la espera del puente. Acabamos comiendo en el único garito abierto, con escasa oferta y donde además, la mitad de las cosas ofrecidas se han agotado. terminamos tomando un Oporto al lado de Sant Climent, en un lugar agradable cuyo dueño, en cuanto aparecemos los dos primeros (y únicos) clientes se apresura a poner música en el jardín, que maldita la necesidad que había, aunque sea Nina Simone .

La iglesia es interesante, pero de nuevo se acerca mas a una especie de entretenimiento de parque temático.

Lo mejor, gracias a la lluvia que acaba por caer y hace huir a los pocos turistas, un pequeño paseo por Caldes de Boi y los bosques mas cercanos, así como el extraño santuario de la Mare de Deu, con antiguas tiendas en lo que debió de ser un patio (casi claustro) y que parece ofrecer una perfecta conjunción de cristianos y mercaderes: antes de llegar a la iglesia, consume. Ésa es hoy su penitencia.



Pirineos: Vielha

Parador de Vielha. 8 oct 2006.

Ni una nube, ni una gota de nieve. Supongo que esto es el calentamiento global. El espectáculo del verde y la montaña siempre sorprende por su capacidad para parecerse a lo que de el esperamos.
Sin embargo, en el Parador el sonido es falso hasta un extremo de delirio. En medio de los Pirineos suena Women of Ireland con un trino de pajarillos pregrabados. Solo con apagarlo se oirían pájaros de verdad en el exterior.

Aún así, es mas soportable que el fondo sonoro de restaurantes como el que ayer sufrimos en Alhama de Aragon (o era la Almunia de Dona Godina? Da igual: no volveremos a ninguna de ellos); Canciones populares en engolada versión ópera. La ópera me gusta poco, pero cuando Carreras, Pavarotti o Caballé se ponen a hacer gorgoritos con canciones pop que de ninguna forma admiten tales versiones siempre tengo la duda de si la capacidad de estos autores para distinguir la buena música es falsa o si su amor por el dinero no conoce límites. Lo cierto es que tales versiones son lo más insufrible y asqueroso que existe. Así les procure una afonía eterna.



Aquí, en Vielha, el parador ofrece la tranquilidad que de él se espera. Sin embargo, el pueblo carece de cualquier atractivo, a excepción de su iglesia y del hecho de estar rodeado de estas impresionantes montañas que pronto irán comiéndose unos adosados que ya empiezan a hacerse notar. Algún día nos daremos cuenta de que la verdadera unidad de España, su autentica vertebración, se la habrán dado los constructores, haciendo de ella un único paisaje de ladrillo y centros comerciales.
Aquí, la construcción típica es el adosado pirenaico: adosados como en todas partes, pero con pizarra, piedra y madera, cubriendo las laderas de las montañas en esas hileras que sólo alteran las grúas.